¿Qué tomar en cuenta antes de pensar en “resolver” el problema de nuestra relación con la naturaleza? / En la opinión de Felipe de Alba

Por Felipe de Alba

 

La naturaleza está en discusión. Desde hace varias décadas universidades, agencias y gobiernos tienen una misión inconclusa: debatir, proponer nuevas rutas, atender las controversias, debatir  futuros, alcanzar acuerdos e instaurar visiones de largo plazo, en medio de tantas urgencias de la política cotidiana.

 

Si la naturaleza está en discusión, no es por una preocupación sin fundamento. Hay una constante en el mundo: los datos, las tendencias, las controversias sobre los efectos y consecuencias presentes y futuras del cambio climático están por doquier.

 

Cuando pensamos en signos de alarma, Cape Town (Sudáfrica) nos viene a la cabeza. Imagínense una ciudad que tiene una fecha para “que el agua se acabe”, que no puede más pero sin que se note la ironía que, la ciudad se encuentra a… orillas del Océano Índico

 

¿Cómo se refleja nuestro futuro en esa situación? Según los criterios del pensamiento estratégico en México, como en varios países, los futuros del agua son motivo de fuertes debates. Ello es parte de una agenda política nacional que está en muchos sentidos determinada por los cambios poblacionales que vive el país.

 

La alta concentración poblacional en la región centro del país es uno —aunque no necesariamente el más importante—, de los desafíos mayores para los tomadores de decisiones.

 

En esta columna se sugiere reflexionar sobre el debate por el derecho al agua, sobre la decisión de quien “gobierna” el líquido, sobre el cómo se consume y de dónde viene y quién la transporta, o la necesidad de pagar por ella.

 

Todos los actores debieran sentirse convocados a una discusión que a veces parece exclusiva de especialistas. Actores como gobiernos (en sus diferentes niveles), la iniciativa privada, las organizaciones sociales, organizaciones no gubernamentales, pueblos originarios, grupos indígenas.

 

Todos ellos manifiestan posturas que requieren de una labor meticulosa de negociación para incluirlas en el debate.

Insisto, es preciso decidir sobre la legitimidad de quién gobierna el agua, dado que no es una tarea que pueda resolverse de inmediato, ni como reacciones frente a una coyuntura de precariedad, o por el inmediatismo que a veces se observa en ciertos actores con intereses específicos (por ejemplo, en el proceso electoral venidero).

 

Se debe contar con elementos de información suficientes para alcanzar el mejor acuerdo posible cuando se trata de “gobernar” el líquido.

 

Parece necesario evitar que los posicionamientos excluyan otras perspectivas en los agentes que participan en el debate sobre el destino, el manejo, el acceso y el consumo de los recursos hídricos.

 

En todo ello, la pertinencia del tema hídrico requiere de un tratamiento con datos específicos sobre los usos, la gestión y la importancia geopolítica del agua en el país.

 

A continuación, se presentan nueve tratamientos estadísticos, que complementan lo que se ha dicho anteriormente:

  1. La administración institucional del agua. En el país, la administración del agua está dividida por cuencas o “regiones hidroadministrativas”, como le llama la Conagua. Se trata de un conjunto de territorios denominados cuencas y definidos en función de la disponibilidad del líquido.

 

  1. El organismo gubernamental ha clasificado cuatro tipos de usos del agua: uso agrícola, abasto público, industria autoabastecida y termoeléctricas. Al respecto aporto algunas cifras. El uso concesionado del agua para la agricultura en 2008 fue de 61.2 mil millones de metros cúbicos (76.8%) del total de extracción (superficial o subterránea). En cambio, el volumen para el abasto público (usos urbanos) fue de 11.2 km3 (14%), la industria autoabastecida tuvo un volumen de 3.3 km3 (4.1%) y las termoeléctricas con 4.1 km3 (5.1%).

 

  1. Como puede notarse, los usos agrícolas concentran el mayor volumen, particularmente el agua empleada para riego. La definición de distrito de riego está vigente en la Ley de Aguas Nacionales (artículo 3º, fracción XXV).

 

  1. El mayor volumen de agua concesionada se destine a las Regiones Hidroadministrativas: VIII Lerma Santiago-Pacífico, IV Balsas, III Pacífico Norte y VI Bravo; en ellas predomina el uso hídrico para la agricultura. En cambio, en la región IV Balsas, la termoeléctrica de Petacalco ocupa el mayor volumen de agua concesionada.

 

  1. El cobro diferenciado del agua en las principales ciudades del país. Las diferencias de la administración del líquido en México se deben a la separación de responsabilidades y obligaciones definidas por la ley. En muchos casos, la administración es pública, aunque una gran mayoría de ellas permite la participación de empresas privadas, en diferentes escalas de la gestión.

 

  1. La particularidad a destacar en este caso es que cada entidad o municipio define el cobro del servicio de abasto de agua potable de manera diferente; a veces con subvenciones, a veces sin ella. También lo que cuenta es la disponibilidad del recurso en la región. La Comisión Nacional del Agua ha hecho un catálogo de estas diferencias en el pago por el servicio de agua potable, alcantarillado y/o saneamiento en algunas ciudades, en 2009.

 

  1. La falta de agua en las viviendas de la megalópolis de la Región Centro. La Megalópolis de la Región Centro (MRC) concentra localidades rurales distribuidas en siete entidades que la conforman (Distrito Federal, Estado de México, Hidalgo, Querétaro, Morelos, Tlaxcala y Puebla).

 

  1. Mientras que en el país existen más de 2 millones (8.7%) de viviendas que no disponen aún de agua entubada, en la MRC se encuentran 4,053 localidades rurales con más de 80% de viviendas sin agua entubada, lo que representa un total de 713,563 personas sin acceso al líquido en sus viviendas.

 

  1. Al revisar los usos nacionales del agua es posible advertir que las regiones con el mayor número de consumidores urbanos (abasto público) se encuentran en los estados del centro del país, donde se ubica la Megalópolis de la Región Centro (MRC).

 

En suma, la paradoja es que en la megalópolis hay un alto porcentaje de viviendas sin acceso permanente, o de muy baja regularidad, de acceso al vital líquido.

Otro aspecto de la paradoja es que, no obstante la alta concentración urbana que vive la MRC —que tiene un conjunto de sistemas de aprovisionamiento hídrico, el más complejo del país—, tiene también cifras considerablemente altas de viviendas rurales con población sin acceso al agua entubada.

 

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Felipe de Alba, doctor en Planeación Urbana, con estancias de investigación en MIT (EEUU) y ENS(Francia). Ha escrito varios libros y más de 50 artículos en revistas internacionales sobre medio ambiente, recursos naturales y ciudades. Es investigador del CESOP, en la Cámara de Diputados, e investigador SNI 1.

 

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

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